Mensaje del presidente Cyril Ramaphosa en ocasión del Día de la Libertad

Mensaje del presidente Cyril Ramaphosa en ocasión del Día de la Libertad

Compañeros sudafricanos,

Sanibonani. Dumelang. Inhlekani. Molweni Lotjhani. Ndimasiari. Goeiedag.

Buenas tardes,

En este día hace 26 años una nueva nación nació en África.  El 27 de abril 1994, los hombres, mujeres y niños del Sudáfrica emergieron del oscuro velo de opresión a la luz de libertad mientras millones votaron por la primera vez que audazmente, declararon al mundo que Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella.

El precio de nuestra libertad fue pagada por generaciones de patriotas. Hoy rendimos homenaje a los grandes líderes que resistieron colonial dominación y que lucharon por nuestra liberación, tanto a los que nos han dejado y los que aún viven.  Recordamos al Jefe Albert Luthuli, Nelson Mandela, Govan Mbeki, Oliver Reginald Tambo, Walter Sisulu, Albertina Sisulu, Stephen BantuBiko, Robert Mangaliso Sobukwe, Charlotte Mannya Maxeke, Ruth Segomotsi  Mompati y Mam Winnie Madikizela-Mandela.

Recordamos a John Langalibalele Dube, Dr AB Xuma, Sefako Mapogo Makgatho, ZR Mahabane, Josiah Gumede, PixleykaIsaka Seme, King Cetswayo, King Hintsha, Makhanda, Sekhukhune, Makhado, Bambathay a los muchos valientes líderes de las rebeliones de Khoi y San. Ellos regaron el árbol de libertad para que podamos disfrutar de su fruto y estar bajo su sombra hoy.  Honramos su memoria y la contribución de muchos compatriotas cuyos nombres son desconocidos, pero cuyos sacrificios fueron igualmente grandes. 

Nuestra Constitución y la Carta de la Libertad, de la cual se extrae su inspiración, ambos comienzan con las palabras: “Nosotros, las personas”.  Estas palabras son un recordatorio siempre presente de que todo lo que hemos logrado como joven democracia y todo lo que esperamos lograr está fundado en la voluntad de la gente de Sudáfrica. 

Nuestra Constitución es la defensora de todos los que viven en nuestro gran país, sean negros o blancos, ricos o pobres, jóvenes o ancianos, hombres o mujeres, ciudadanos o residentes.  

En los últimos 26 años hemos hecho un gran progreso en la construcción de un futuro común del que todos los sudafricanos son parte.  Hemos construido casas, escuelas, hospitales, clínicas y universidades y hemos proporcionado agua, instalaciones de saneamiento y electricidad a muchos sudafricanos que nunca tuvieron acceso a tales servicios.  Hemos ampliado el acceso a la salud y la educación.  Hemos trabajado duro para reconstruir nuestra economía y fortalecer nuestras instituciones. Hemos iniciado oportunidades de trabajo, pasantías y estudio para jóvenes, ayudándoles a asegurar puestos de trabajo o a generarlos por cuenta propia.  Tenemos programas acelerados para dar a nuestra gente acceso a la tierra y devolver la tierra a aquellos que fueron retirados por la fuerza de sus tierras ancestrales.  Estamos apoyando a familias vulnerables, padres, ancianos, personas con discapacidad y a nuestros veteranos con subvenciones sociales.

Nuestra joven democracia tiene mucho de qué enorgullecerse. Pero el legado devastador de nuestro pasado es tan profundo que a veces nosotros mismos nos hemos encontrado abordando el sufrimiento al que se ha sometido a nuestra gente. 

La pobreza y la desigualdad continúan azotando a nuestra tierra. Un niño nacido de padres con medios, tiene una casa cómoda, es alimentado y protegido, recibe una buena educación y tiene buenas perspectivas para una vida próspera.  Para un niño pobre, todos los días de la vida puede ser una lucha por refugio, por comida y por oportunidades. Para ese niño, sus posibilidades de terminar la escuela, de seguir estudiando, de ganar habilidades y de encontrar un trabajo son mucho más difíciles y muchas menos. Incluso ahora, después de todo el progreso que hemos hecho, las circunstancias del nacimiento en gran medida determina dónde y cómo vivimos, dónde estudiamos, dónde trabajamos y donde estamos siendo cuidados cuando estamos enfermos.  Es la mayor forma de injusticia y se mantiene en nuestra conciencia nacional. 

Los triunfos de 1994 significaron mucho más de poder votar.  Se trató de reparar los errores del pasado, de restitución y restauración, se trató de nivelar el campo para el niño negro y el blanco niño asegurándose de que cada uno tenga una igualdad de oportunidades en la vida.

La promesa que hicimos el 27 de abril de 1994 ya no puede ser diferida. Debemos hacer realidad el derecho de toda nuestra gente a la comida, la sanidad, el refugio, el agua, la seguridad social y la tierra.  En esta última década del Pla Nacional de Desarrollo,  debemos cambiar el ritmo de transformación social y económica.

Como país, somos más que capaces de construir una sociedad más igualitaria, donde estos derechos se realizan para las personas de nuestro país.  Durante el tiempo que esto se dilate, la libertad de algunos es libertad para ninguno.   Este Día de la Libertad, nos encontramos comprometidos en una lucha que se ha lanzado enfocando a la pobreza y la desigualdad que aún definen a nuestra sociedad.

La pandemia del coronavirus nos obliga a enfrentar esta realidad.  Aunque ciertamente todos estamos desafiando la misma marea, no hemos sido impactados de la misma manera.  Algunas personas han podido soportar el coronavirus encerrados en una casa cómoda con una heladera llena, con asistencia médica privada y aprendizaje en línea para sus hijos.  Para otros millones, este ha sido un mes de miseria, de sostenes de hogar que no trabajan, de familias que luchan por sobrevivir y de niños que se acuestan y se despiertan con hambre.

Las medidas de socorro social anunciadas la semana pasada que ahora están siendo implementadas se tratan tanto estrechar el abismo de la desigualdad como de apoyar a los ciudadanos vulnerables a través de este tiempo de prueba.  Cada día que pasa, esta experiencia nos está enseñando mucho más sobre nosotros, sobre nuestra sociedad y sobre nuestro país. Estamos aprendiendo sobre los límites de nuestra resistencia, sobre nuestras relaciones con los demás y sobre nuestra propia nación. 

Las verdaderas lecciones de esta experiencia no sólo serán acerca de la necesidad de distanciarse socialmente, del lavado de manos y del control de infecciones.  También serán sobre si tenemos la capacidad de convertir esta crisis en una oportunidad para invertir en una nueva sociedad, una nueva conciencia y una nueva economía.  En esta nueva sociedad, el privilegiado no puede darse el lujo de cerrar sus ojos a la difícil situación de los pobres y dormir pacíficamente por la noche.  Este es el momento cuando deberíamos trabajar activamente para construir un país justo.   En la Sudáfrica que todos queremos, no habrá un hombre, mujer o niño con hambre porque tendrá los medios para ganar un ingreso y nuestros programas de asistencia social serán combinados con los esfuerzos para permitir a las comunidades cultivar su propia comida.

En este nueva sociedad, la prestación de servicios a nuestra la gente es la principal prioridad de gobierno.  El servidor público entiende que son sólo eso, servidores del pueblo.  Los representantes públicos ponen los intereses de la personas por delante de los suyos. 

Antes de que pandemia ingresara en nuestro país, estábamos profundizando nuestros esfuerzos para abordar la pobreza, subdesarrollo, desempleo y una economía débil.  Esta pandemia podría retrasar estos esfuerzos muchos años.  Tomará una gran cantidad de esfuerzo y recursos de nuestra sociedad y nuestra economía para recuperarnos.  Los desafíos que enfrentábamos antes de esta emergencia de salud permanecen. Incluso mientras cambiamos el curso hacia la pandemia del coronavirus, todavía tendremos que confrontar una economía en contracción, desempleo, crímenes y corrupción,  un estado debilitado y otras preocupaciones apremiantes.  

Tendremos que encontrar nuevas formas excepcionales e innovadoras para superar todos estos desafíos.  Esto no es algo que el gobierno pueda hacer solo.  El espíritu de colaboración con el que el gobierno, los negocios, y las organizaciones de la sociedad civil y del trabajo han trabajado para conducir el esfuerzo nacional para combatir el coronavirus, es otra afirmación de cuán lejos hemos llegado.

El compromiso sólido, las instituciones fuertes, la compactación social y la construcción de consenso, son todos frutos del Proyecto Democrático Nacional que comenzó en 1994.   La comunidad empresarial se ha mostrado lista y dispuesta a apoyar a su mano de obra y a reunir sus recursos para combatir esta enfermedad.

El movimiento laboral ha trabajado con sus socios en el gobierno y las empresas, no solo para proteger a sus miembros de los peores efectos de esta pandemia, sino también para defender los intereses de los pobres y desempleados en su conjunto.  En toda la sociedad, las ONG, las organizaciones  sin fines de lucro, los cuerpos comunitarios, las comunidades religiosas e individuos están trabajando juntos para defender a nuestro pueblo contra este virus y sus efectos perjudiciales en lo económico y lo social.  Al hacerlo, han demostrado la solidaridad y compasión que está en el centro del concepto de ubuntu. Como dijo el presidente Mandela, “ser libre no es simplemente liberarse de las cadenas, sino vivir de una manera que respete y mejore la libertad de los demás”.  Respeto por ellos derechos de los demás es el corazón palpitante de libertad.  Violar las disposiciones de respuesta al coronavirus y exponer a otros a una enfermedad potencialmente mortal es la peor forma de falta de respeto a los demás.  Esta pandemia ha cambiado la cara de la humanidad, no solo en nuestro país. Nos recuerda nuestra propia mortalidad, pero también de cuán interconectados estamos todos. Si no nos dimos cuenta antes, ahora todos sabemos que nuestra interdependencia es clave para nuestra supervivencia como pueblo.  Este Día de la Libertad nos permite estar unidos contra esta enfermedad, contrala pobreza, la desigualdad y el hambre. Sólo podemos superar esta crisis y reconstruir nuestra economía destrozada si trabajamos juntos. Dejen que lo bueno que ha venido de esta experiencia de acción colectiva y unidad de propósito continúe; Deja que la generosidad del espíritu perdure.  Se lo debemos a los recuerdos de quienes nos precedieron para vivir los valores que apreciaban de empatía, compasión y solidaridad. Como nos recuerda este Día de la Libertad, hemos conocido cosas mucho peores y hemos prevalecido.  Mantengamos nuestros brazos unidos en una columna de defensa contra esta pandemia, como un pueblo unido. Usemos esta crisis para reafirmar nuestra determinación de cambiar fundamentalmente nuestra sociedad.  Salgamos de la pandemia de coronavirus como un país mejor, un país más igualitario.

Este año, celebramos el Día de la Libertad separados, cada uno de nosotros confinado en nuestros hogares.  El próximo año, a través de su determinación, su coraje y sus acciones, celebraremos juntos el Día de la Libertad.

Les deseo a todos un feliz y, sobre todo, un Día de la Libertad seguro y pacífico.

Gracias.

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